domingo 15 de noviembre de 2009

Telón de fondo.


Doy vueltas por mi habitación, sin ningún sentido. Busco algo que me apetezca hacer, pero no lo encuentro. Odio esta sensación, pero de poco sirve intentar aplacarla; sé que durará de forma indefinida, hasta que, sin saber como, desaparezca.
Me siento en el suelo, apoyando la espalda en la cama.
Blue me decía anoche que no tenía ni un duro, después de pagar lo de Berlín. Yo me reía con ella. Yo tampoco, pero nos vamos a Berlín, ¿qué más da el resto?
Veo su cara, sonriendo, humo, mucho humo en el local, ella fumando. Bebiendo. Allí los cuatro. Johnny nervioso. Nos salimos fuera, la música era insoportable. Hacía frío, un poco, no mucho. Vino más gente, también llegó la policía. No pasó nada. Se fue y seguimos bebiendo.
Pero todo eso no me importa, es solo el decorado. Solo el telón de fondo. Solo el entorno en el que poder ubicar esa sonrisa, esa risa, esos ojos.
Apoyada en la pared de la iglesia, sentada en el suelo, con sus pantalones de cebra y sus botas DocMartens. Sudadera negra, ¿cuál era? La de varios grupos de punk mezclados. No es fea. Liándose un cigarro, saca el tabaco de su pitillera de cebra. Mueve la cabeza, se recoloca el flequillo, se peina las patillas; lo hace siempre. Se enciende el cigarro, le da un trago a la cerveza.
Hablamos, otra vez, como antes, como siempre. Ella hablaba, y no con monosílabos, como acostumbra; hablaba, frases enteras.

Apoyo la cabeza en la cama, estoy casi contenta, supongo. Ha vuelto, y eso es importante, para mí, al menos.
Pienso que en mi desidia, tal vez podría limpiar la habitación. No me doy cuenta de todos los sujetadores que tengo hasta que los veo todos por encima de la mesa, en la silla, en la otra silla, en la estantería, en el suelo.
No, creo que no voy a ordenar nada. Me gusta el caos de la cama deshecha, los libros, discos, papeles, poemas arrugados en hojas de libreta, botellas de agua, mecheros.
Tampoco importa si está o no ordenada. Solo es un telón de fondo, de nuevo.
En mi cabeza, en algún rincón de mi memoria, desde hace unos días han tomado el protagonismo un par de versos de Borges; y no sé qué hacer para salir de ellos.

“Y nada de eso importa. El resignado ejercicio del verso no te salva”

viernes 6 de noviembre de 2009

Otoño.


Vuelve a hacer frío en la ciudad. Por fín, supongo. Demasiado tiempo de sol y calor, ya era hora de un poco de frío otoñal y de viento de levante.
Hoy es el primer jueves que me quedo en casa, tal vez sea por el frío. No, realmente es que no me apetecía salir. Me he quedado en casa, y he visto “Las invasiones bárbaras”, es una buena película. Me la dejó uno de mis compañeros de clase. Yo le dejo libros, él me deja películas. Es una buena simbiosis.
Aunque yo llevo un tiempo sin leer. Sin leer nada que me apasione, debería corregir. Estoy leyendo Best-sellers en inglés, de la biblioteca. Tengo que mejorar mi inglés, y leo libros policiacos, gordos e insulsos, no hay nada más en la biblioteca, ¿qué se le va a hacer?
También llevo un tiempo sin escribir; sin contar los apuntes, trabajos y exámenes de clase.
Estoy muy académica. No, no es cierto. Hasta hace unos días pensaba que había perdido toda mi inspiración y mis ganas de... ser yo. Pero no, solo he perdido la costumbre de escribir, y estoy en espera. Observo, estudio, atiendo.
Claro ejemplo de esto es que he re-descubierto el cine. Pero eso es un tema que, supongo, solo me preocupa a mí.
Pero qué coño, todo esto solo me preocupa a mí, ¿no? Si alguien no quiere leer toda mi diarrea mental, solo tiene que cerrar la página y hasta luego chicaperdida.
Así que no me preocuparé de aburrir con las idas y venidas por mi ego.
Bueno, he empezado a estudiar francés. Y mi cabeza bulle en acentos diversos, verbos irregulares y la maldita pronunciación de la erre. Citaré que es humillante volver a tener que estudiarse el abecedario. Me explico: entiendo que la pronunciación sea distinta; ¿pero de verdad es necesario hacer ejercicios escritos sobre el abecedario? Para aumentar la dificultad también me hicieron escribirlo al revés, y casi me dan una galleta cuando no incluí la “ñ” ninguna de las dos veces. Prometo, lo sé.
En fin, basta por hoy. Querría decir que mañana me espera un duro día de ¿alguna cosa? Pero no es así, pienso llegar tarde a la primera clase y así poder comprar tabaco en algún estanco. A la segunda sí acudiré. Contra todo pronóstico, este año hay clases que me gustan (mucho). Otras son vomitivas. No, realmente, otros profesores son vomitivos. Tampoco viene al caso, me estoy alargando y había dicho que acababa.Hmmm...

viernes 18 de septiembre de 2009

Germinal, Germinal.


Estoy sentada ante un tazón de café con leche. Estoy enferma, ayer cayó una tromba de agua. Gota fría. Frío y humedad, y yo ya acarreaba tos y fiebre desde la feria de Albacete. El resultado es obvio.
Tal vez sea por la enfermedad, o por el mal tiempo, no lo sé. O por mil cosas más. El caso es que me siento defraudada, por el mundo, en general.
Voy agotando el café, mientras observo las tapas viejas del libro que tengo ante mí. “Germinal”, de Zola. Tal vez éste sea otro motivo de mi decaimiento. Germinal, Germinal. Ha pasado un siglo y medio, o así; y la situación tampoco ha cambiado tanto.
Veo a mi padre recomendándome el libro, unos días atrás; y aquella frase que añadió bromeando: “Éste no se lo dejes a tu amigo Jota, que se exaltará demasiado. Se te remueve el alma de espíritu revolucionario, así que a Jota mejor no se lo dejes, no quiero verlo quemando bancos”
Remuevo el café con desgana. Germinal, Germinal. Me parece oir a todo el pueblo francés coreándolo. Pienso que no estaría tan mal salir a la calle a berrear un rato. Pienso en mi retorno a la universidad, e imagino las respuestas de mis compañeros de clase. ¿Manifestarse, reivindicar? ¿Para qué? Si todo está genial.
Y como un flash recuerdo a George, ayer, preguntándome que a qué hora curraba Jota. “De once de la noche a ocho y media o nueve”, “¿De la mañana?”, me preguntó. Agité la cabeza afirmativamente, y el abrió los ojos como platos. “Esto... de once a ocho y media son más de ocho horas, ¿lo sabes?” Yo me reí, es gracioso; cuando Jota trabaja por la noche es cuando menos trabaja. Cuando trabaja por las mañanas-tardes, le contaba a George, se despierta a eso de las 5 y sale de trabajar a las 6 y media, o así. Además, ahora no le pagan las horas, dicen que no hay dinero, que si no despedirán a todo el mundo.
“Pero al menos tiene trabajo”, le dije, repitiendo con odio la maldita muletilla que está en boca de todo el mundo. Esa frase evoca en mi cabeza tantas cosas desagradables, que cada vez que la pronuncian me entran ganas de derramar sangre.
Es cierto que Jota es al que peor parte le toca. Aunque, es el que mejor sobrevive. Pero, no es el único. Pienso en los demás. Todos en paro; menos Charlie, que tiene trabajo temporal. Yo misma en paro, sin cobrarlo, claro. ¿Alguien ha trabajado alguna vez con contrato? Porque a mí no me lo han hecho ni una vez, y ya son muchos años. En fin.

Supongo que no será solo por el frío y la humedad. Aunque ayuden a acrecentar el sentimiento de malestar. La lluvia, la maldita lluvia lo ahoga todo.
Llama Jota, son las 5 de la tarde y acaba de levantarse. "¿Que qué hago? Escribo un rato."¿Qué raro no? Se cachondea de mí, no entiende que tenga una crisis creativa. "Es grave", le digo. Y me callo, él me cuenta. Al final llegó a casa a las 10 y media de la mañana, desde las once. Tiene gripe, no sé si A o B o W, pero tiene gripe. Y me dice que el mes que viene no puede pagar la hipoteca, por la reforma, y eso; que si no le pagan el día 4, y se retrasan un solo día, ya no paga la hipoteca, y el banco le cobrará intereses por retrasarse y todas esas cosas. Ya no sabe como apretarse más el cinturón, y es una de las pocas personas que al decirlo no provoca risa.
Está estresado, mucho, y eso que acaba de despertarse.
“Don’t worry baby, tengo dinero ahorrado, no mucho, pero algo tengo, ¿cuánto necesitas?” Sé perfectamente cuanto paga de hipoteca, sé que se la han rebajado, etc. Yo lo sé casi todo, es uno de mi superpoderes.
“No te lo voy a pedir a ti”
“¿Y a quién si no? Además sabes que si no me lo devuelves mandaré a unos rumanos a que te partan las piernas”
“Gracias, en cuanto cobre te lo devolveré, lo sabes”
“Me fío de ti, si no, no te lo dejaría. Déjalo ya, anda”
“Está bien, ¿te hace un cigarro pasado por agua?”
“No debería fumar, pero supongo que sí. Vente, te preparo un café. Al menos así no nos mojamos”
“Me ducho y voy”

Se corta la comunicación, y se produce el silencio; aunque yo sigo escuchando “Germinal, Germinal”, casi a gritos, tan alto, que es imposible acallarlo.

Me voy a ir yo también a la ducha, a ver si se me aclaran las ideas.

jueves 10 de septiembre de 2009

Bla bla bla bla....

Me he cortado el pelo. Muy corto. Los lados al tres, o al cuatro, no entiendo mucho de longitudes capilares masculinas. Y luego me he dejado una especie de tupé/cresta. El caso es que no me queda mal, o eso creo yo. La gran mayoría ha opinado que me queda bien, el pelo corto, me queda bien. Aunque tampoco es que A) me den mucha confianza, porque, ¿qué me iban a decir? ¿qué me queda mal?; y B) me importe mucho lo que piensen los demas (al menos el 85% del tiempo). Solo en momentos de duda en el que temo que me confundan con un chico o algo así...
Así que hoy he ido a comprarme una camiseta con un escote pronunciado, para que no quede lugar a dudas de mi feminidad. También me he pintado las uñas, cosa que llevaba meses sin hacer; y he elegido un brillante y femenino color rojo. Le he robado la colonia a mi hermana, una colonia asquerosamente dulce. He rebuscado en mi armario en busca de todas mis faldas, y vestidos. También he buscado los zapatos de tacón y la lencería fina. He llamado a una academia de corte y confección y me he inscrito, luego he pasado por el cirujano plástico y he pedido cita para un aumento de pecho y otro de labios. De paso me ha dicho que me quite un par de costillas para acentuar la cintura, eso me hará parecer todavía más femenina.
He estado ensayando una estridente risa falsa, y el logopeda ha conseguido que haga de todas las palabras un diminutivo; y luego me he comprado un telefonito rosita monísimo.
Ahora me siento plenamente femenina.

P.D: Odio a la gente que piensa que si llevas el pelo corto eres menos mujer. Y que si no llevas tacones eres menos mujer. Y que si no eres/haces miles de millones de imbecilidades eres menos mujer.
Yo, cuando me corto el pelo, me palpo las tetas; pero resulta que siguen del mismo tamaño y su número no varía. Y el resto también, sigue en su sitio.Qué curioso ¿verdad?

viernes 4 de septiembre de 2009

I'm back.

Hace poco; unos días, no sé exactamente cuantos, no sé en qué día vivo; regresé a la ciudad. Desde entonces, he intentado escribir algo, publicar una entrada en el blog; ya que de nuevo podía conectarme a la red. Pero ha sido imposible. Todo lo que escribo, lo borro. Nada me gusta, todo me parece estúpido. Y viene de largo, porque en mi retiro espiritual (forzoso) tenía mi portátil, que aunque no tenga internet, sí tiene el Microsoft Word. Pero nada. No sé qué me pasa. En lo más profundo que puedo pensar es en las agujetas que tengo, o en que debería comprarme unas zapatillas. Y en que no me he puesto sandalias en todo el verano. Playeras sí, no iba a ir a la playa con deportivas (aunque si no fuese por la maldita arena que se cuela por todas partes y no se va nunca, posiblemente, lo haría).
Tampoco he ido mucho a la playa. La playa me provoca hastío vacacional (excepto en invierno, en invierno es estupenda, no hay gente). Una playa llena de gente, de niños chillando, de tetas al aire (en su mayoría poco agradables a la vista), abuelos en bóxer, carnes flácidas, arena, calor, etc.
Bueno, un playa cualquiera, con la concurrencia típica. Eso sí, morena estoy.
Y eso está bien, porque hoy son los carnavales de Rafelbunyol, y me voy a disfrazar de india. Clásico, o típico, según se mire.
Lo que no sé es qué zapatillas me voy a poner, y si con estas agujetas aguantaré mucha noche...

Bueno, he vuelto. Y espero volver a reengancharme con esto.

lunes 3 de agosto de 2009

Maldito Agosto.


Me ha pillado Agosto un tanto desprevenida. Ya es día tres, pero hoy me he dado cuenta de que Julio se había acabado. Me he despertado a las 9, hoy tenía que trabajar un par de horas. Ha sonado el despertador, y nada más abrir los ojos me he dado cuenta de que algo pasaba. Había silencio en mi casa. Y la luz, la luz era distinta. Aunque puede que eso solo fuesen cosas mías.
No me gusta Agosto. No me gusta nada de nada.
He bajado a la calle y la gente fingía esta ocupada en algo. Eran muchos menos de lo habitual. El ajetreo no estaba. En su lugar, un par de obras recién empezadas, con una cuadrilla de obreros amenazados por el calor.
En la parada de taxis, un reducido grupo de taxistas desocupados, fumando con la ventanilla abierta. “Hoy no hace mucho sol, pero la humedad es criminal”, un taxista sudoroso se da aire con un periódico.
¿Criminal? Criminal es Agosto. Es un asesino de energía, de sueños, de vidas, de expectativas.
Odio Agosto. Me imprime melancolía. Melancolía duradera, water-proof, indeleble. Y esta mañana, con la primera bocanada de aire viciado y húmedo, la he aspirado toda. Supongo que durante toda la mañana me ha llegado hasta el tuétano.
Así que aquí estoy, en Agosto y sin vacaciones todavía, escuchando a Leonard Cohen. La parte buena es que todavía no sé cuáles son los éxitos musicales de este verano. Los oficiales, digo. Y eso que sigo sin mp3, lo voy a necesitar.
Odio el tedio estival. Cogería un tren y desaparecería.En fin, es Agosto. Tengo el humor patasarriba.


Cut the cord.



viernes 10 de julio de 2009

Vacaciones de verano (cuánto mal han hecho los anuncios estivales[de la primera, en este caso] en las sugestionables mentes infantiles), like the song



Con mi chaleco vaquero, pantalón negro y camiseta de Barricada salgo a la calle.


“!Qué dura es la vida de una rockera!” me digo entre dientes, con una media sonrisa, al salir a la calle. El sol se concentra en mi ropa negra y en dos minutos consigue que toda mi piel se empape de micropartículas de sudor. La humedad hace del aire un vapor semisólido que cuesta de respirar. Camino por la acera esquivando cuerpos sudorosos, evitando el roce de los viandantes; movimientos que exigen una técnica depurada por el paso de los años (y el asco al sudor ajeno y desconocido). Compruebo una vez más que en el S.XXI todavía hay gente que desconoce la existencia del desodorante.


Aunque pueda dar a entender lo contrario, observo, respiro y siento todo esto con gran satisfacción. He superado el primer curso de facultad, acabé los exámenes el 30 y ya sé todas las notas. Everything’s allright. Empecé a trabajar el mismo día, el 30 de madrugada; y he ido de culo hasta hoy.


Pero hoy... Hoy toca la Johnny’s band. Será una buena noche. Y la semana que viene no parece que haya trabajo. Así que tengo una semana de vacaciones.



Sigo pensando lo que haré en vacaciones, a la vez que continúo mi baile entre la muchedumbre. San Sebastián parece ser el destino más probable. No quiero ir a San Sebastián, pero mucho me temo que no voy a tener ni voz ni voto en el asunto; aunque mientras no tenga yo que organizarlo, poco me importa.



Entro en el pub/bar de siempre. La entrada está abarrotada de hippies con perro; universitarios de todo tipo; un rockero con chaleco y parches, ligando con una chica de pelo moreno, que me sonríe al pasar descuidando su caza; y varios menores de edad con cervezas en la mano, que se emborrachan por la tarde, para poder llegar a casa a cenar cuando se les haya pasado la melopea.


En la mesa de la esquina, al fondo, veo a mis amigos. Parece que ellos también me han visto, y se crea un griterío, a modo de saludo. Levanto una mano “Hola a todo el mundo”, y me siento en las escaleras que utilizamos de asiento. Me acercan una botella y enciendo un cigarro, Johnny me revuelve el pelo. Se recuesta y le hago notar su barriga cervecera. No le preocupa, como siempre.


Miro la mesa con unos 50 botellines sobre ella, Tres quintos un euro. Ponen Platero, chillamos, cantamos, bebemos, fumamos.

Vacaciones, ya era hora.