Hoy me han hecho pensar un poco, así que he ido (o venido), y he abierto un documento de Word. Tras lo que el Microsoft Word me ha recordado que no tengo una copia original.
No, no la tengo. Ahora mismo no tengo nada original, nada. Gracias por recordármelo, no me había dado cuenta. ¿No te habías dado cuenta tú que eres tan listo? ¿No te habías dado cuenta después de tanto silencio e inactividad? Pues entonces no seas tan listillo, deja de recordarme lo que tengo o no original. Que memoria, sí tengo.
Por si acaso, le he dicho que me lo recuerde más tarde, no sea que la memoria también me falle, y me convierta en una auténtica calamidad de persona.
La lucha silenciosa ha dado paso a una larga pausa, vacía de contenido. Pero esa pausa no me hace justicia, no. Yo no estoy vacía de contenido.De hecho, he de confesar, que cada vez me veo más desbordada. Por lo que he tenido que elegir. Y he elegido la vida real, en su doble significado. Aludo a la virtualidad del blog, es cierto; pero ante todo aludo a la virtualidad de mis esperanzas de algún día llegar a escribir “de verdad”. Eso no significa que al elegir la vida real haya abandonado el resto, simplemente he decidido esperar a mejores tiempos, o a peores, que siempre son más líricamente productivos. Y esto ha quedado rematadamente cursi, pero no voy a borrarlo; no creo que pueda expresarlo de otra forma.
Por tanto, voy a tratar de seguir con la inercia, sin caer en el tedio; y sin tratar de luchar contra ella, no sea que el desasosiego se traduzca en una úlcera en mi pobre y joven estómago.
Así, cuando disponga de algo de tiempo trataré de escribir; cuando me apetezca, y ya está. He dejado de torturarme; si no hay inspiración, no la hay; si no hay ganas, no las hay; si no hay ideas… no las hay. Y mi salud mental me lo ha agradecido.
Siguiendo el principio de “non bis in idem”, no repetiré lo mismo para el resto de mis hobbies conocidos.
Y una última cosa:
Creo que lo que me impide, sobre todo, escribir es esta pausada felicidad. Porque soy feliz. De forma extraña; sin sobresaltos, sin náuseas, sin miedo, sin excesos, sin recesos, sin dolor; soy feliz.
Y oye, tan tranquilamente. Una carita sonriente, y la esperanza, dormida, de que algún día; sí… algún día.
5 pensamientos descarriados:
My Maloles, celebro tu regreso, aunque ya intuyo que es meramente testimonial, qué tiempos aquellos en los que la blogosfera echaba humo y se rendía a nuestras plumas, yo aquí sigo, ensimismado con mi propio ombligo virtual y alcantarilleando para encontrar la inspiración.
Me alegra que seas feliz, y que sigas escribiendo, de vez en cuando.
Miss you!!
VD
Dí que sí, coño!
A seguir disfrutando de la felicidad. Me alegro.
Un besoooo, guapa!
Ja, pues mejor feliz sin escribir que escribir porque no eres feliz.
A su debido tiempo...
Me ha entrado la nostalgia de Vanity al regresar a este espacio. Ya ves que nosotros seguimos. A veces he dudado como tú y he pensado que si eescribo mejor lo haré cuando tenga inspiración. El blog no me paga las facturas así que debo hacerlo por placer. Si lo hiciera de otro modo se resentiría la calidad. Si eres feliz difícilmente querrás escribir a todas horas. Suele ser así. La felicidad no necesita mucha literatura. De todas formas me alegra saber que todavía sigues y que el blog actualizado o no, está aquí. Tu post anterior con la cucaracha en el baño me ha dado escalofríos. Las cucarachas son mi criptonita. Menos mal que ha llegado el invierno.
maloles...
siento pena de no poder leerte, fuiste uno de mis primeros refugios cuando abrí el blog, y te veo ahí últimamente, tus atardeceres desangrados tan abajo en el blogroll, actualizado hace 2-3 meses...
pero te juro, q si es pq eres feliz, q dure mucho:)
eres de las grandes
un beso enorme
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